•  22 de Septiembre del 2018

Españoles: Franco, no ha muerto

Redacción -

Raúl Ramos

Alguno se podrá llevar las manos a la cabeza por semejante afirmación, pero de esto va el artículo. Miren ustedes, aunque a la mayoría de gente que me cruzo por la calle este tema como que les importa un pimiento, considero necesario hacerles notar que no, que debería importarles y mucho.

Recordando aquella frase de “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” intento hacer un poco de pedagogía sobre nuestra historia reciente. Yo nací allá por 1.973, con lo que mi conocimiento sobre Franco y la dictadura se resume realmente a lo que los demás me cuentan, a lo que escuché de mis abuelos, y a lo que me he esforzado en tratar de informarme y documentarme. Y con todo ello me extraña ver debates que considero estériles sobre el franquismo.

Yo creo poder afirmar, sin riesgo a equivocarme, que Franco fue ante todo un militar que participó en el golpe de Estado de 1.936 contra la II República Española. Que lideró a las tropas golpistas en la Guerra Civil y, tras ganar la guerra, instauró una dictadura que duró cerca de 40 años. Me parece que hasta ahí no voy mal encaminado.

Tres frases mal contadas sobre las que creo que no debería haber debate, pero lo hay. Y ese es el problema. ¿Cómo es posible que a estas alturas haya todavía quien defienda lo contrario? Hay toda una retahíla de argumentaciones para obviar lo obvio, que me asombra. A saber:

No fue un golpe de estado, fue un alzamiento nacional, el golpe de estado fue el del 34.

Franco no fue un golpista, porque fue quien nos liberó del Comunismo. Caudillo de España, por la obra y gracia de Dios.

No fue una dictadura, fue una Democracia Orgánica.

A partir de aquí el debate se encona de una forma inverosímil, solo gracias a una serie de eufemismos dignos de un sociópata. Porque, lejos de caer en un revisionismo o, como parece gustar ahora, una búsqueda de la post-verdad, las tres afirmaciones anteriores sólo corresponden a la justificación que Franco y la propia dictadura hizo para darse carta de naturaleza, para erigirse en legalidad.

Cuarenta años después de la dictadura el debate me resulta estéril. Aquí no creo que se esté intentando reescribir la historia, en todo caso llamando a las cosas por su nombre. No es cuestión de debatir sobre si la II República era idílica o un desastre. Es cuestión de tener claro el significado de las palabras y no recurrir a eufemismos.

Fue un golpe de estado liderado por una parte significativa del ejército, y encima fue fallido, por lo que se produjo una guerra civil. Llamar a eso un alzamiento nacional, a estas alturas no tiene un pase. Por muy desastrosa que fuera la república.

Pero si aún así queremos debatir sobre la II República, hagámoslo teniendo claro lo anterior. No con la intención tácita de justificar el golpe de estado. Podemos debatir lo que se quiera sobre la sublevación revolucionaria de 1.934, sobre el derramamiento de sangre absurdo o el intento de derrocar al gobierno legítimo. Y llamémoslo sublevación revolucionaria o “golpe de estado de rojos”. Recordemos también que la sublevación fue fallida, hubo un enjuiciamiento de los culpables y una significativa represión que espero nadie niegue. Pues aún así, con todo ello, lo del 36 sigue siendo un golpe de estado, un golpe de estado militar. Curiosamente, el del 36, no terminó igual.

Bueno, mucho se podría hablar sobre la II República e igual me animo a seguir en otro artículo, pero vayamos con el tema Franco. Porque al final va a resultar que Franco no era un dictador y, añado yo, parece que tampoco ha muerto. Franco y el Valle de los Caídos.

Además, parece que todo este debate renace interesadamente porque, como tenemos un gobierno débil sustentado por una suerte de partidos que bla, bla, bla… pues ya está la izquierda de siempre resucitando a Franco. Miren, señores de la derecha, señores de la muy derecha y quien se quiera sentir aludido, esto va dirigido a ustedes que nunca juegan al guerracivilismo y nunca han utilizado espúreamente un tema sensible como arma política. Franco no ha muerto, no ha muerto, no. Y no ha muerto por muchas razones.

Una de ellas es por su recuerdo. Ya se haya dicho en la poesía, en la literatura, en disquisiciones filosóficas o en el propio mundo del cine. Usaré el ejemplo del cine. Elijan ustedes la película: “hijo mío no llores, mama no ha muerto. Sigue aquí, con nosotros, en nuestros corazones. Y mientras siga vivo nuestro recuerdo, mamá seguirá viva con nosotros”.

Vale, podría haber sido un poco más rebuscado y citar unos versos de un poeta o algún pasaje literario de alguna novela o ensayo. Pero como soy andaluz y claro, prácticamente analfabeto… pues que me daba pudor mezclar rima célebre o prosa alguna con el dictador…. y pereza de buscarla. Pues bueno, en este país a los franquistas se les llama nostálgicos, existen y bien que se esfuerzan en tener vivo el recuerdo del dictador. Y mientras sigan haciendo ostentación pública de ello, no sólo un 20 de Noviembre en cuelgamuros allí donde no se les ve, o un 18 de julio celebrando paelladas allí donde debería darnos vergüenza enterarnos, o de sopetón así sin querer queriendo, en una foto de un “selfie” durante unas primarias… o celebrar misas honrando su recuerdo con banderas franquistas… pues no, pues no parece que se haya muerto mucho, o no del todo.

Y otra de las razones por la que no parece que haya muerto, es por la defensa de su legado. ¡Pero su legado físico, material!. Ahí, para que todos lo vean: Estatuas a caballo, nombres de calles, fundaciones subvencionadas, herencias varias, propiedades urbanas o rústicas, monumentos megalómanos, cruces conmemorativas…. Esto sólo ocurre en España. Todavía recuerdo las imágenes a las que se le dio tanta importancia tras la caída de Sadam Hussein. Varias cadenas de televisión, ininterrumpidamente manteniendo una sola imagen tras la caída de Bagdad. Varias horas filmando el intento de derribo de la gran estatua del dictador por parte de, al parecer, un grupo de ciudadanos de Bagdad. Al final, con la ayuda de tropas americanas, por fin, ya por fin, cayó la dichosa estatua. Y los medios captando esa imagen para la posteridad. Por lo que representaba. El gesto. El cambio. La ruptura.

Y aquí en España, que si qué hacemos entonces con una estatua de Felipe II. Señores, Felipe II: “un hombre de su tiempo”. Para juzgar a Felipe II, tendremos que hacerlo dentro de su contexto, de su época, de su tiempo. Según la moral o los valores de aquella época. Con un concepto ético universal, pero en función de los conceptos morales de su época. No tiene sentido hacerlo de otra manera. ¿Y Franco, que hacemos con Franco? ¿Cómo juzgamos a Franco dentro del contexto de su tiempo?

Apenas entrado el siglo XX, después de haber sufrido Europa la “Gran Guerra”, cuando se pone en juego las diferencias irreconciliables entre las jóvenes democracias europeas y las crecientes dictaduras fascistas… este militar da un golpe de Estado “para acabar con los comunistas” y gana su Guerra Civil (que no es más que una pre-cuela de la II Guerra Mundial). Bueno, pues tras la II GM, en vez de sumarse a las democracias emergentes que se asientan en el Siglo XX, coge y nos deja con una “democracia orgánica” (hay que tener estómago para aceptar el término) que nos devuelve directamente al siglo XIX. O al XVIII, Vaya usted a saber.

Declaración Universal de Derechos Humanos, Sufragio Universal, Emancipación de la Mujer, Libertad de prensa, Libertad de culto, Libertad de asociación, Ley del divorcio…. Todo eso son cosas de rojos republicanos. Franco nos dio algo mejor, mucho mejor, muchísimo mejor. Nos dio una Democracia Orgánica (sic). ¡Ah, y nos libró de los Comunistas!

Podría dar una tercera, una cuarta y hasta una quinta razón de porqué afirmo que Franco no ha muerto. Pero me estoy alargando ya.

En definitiva, señores y señoras míos. Acuerden conmigo, ¿Franco ha muerto? ¿de verdad? ¿Seguro? ¿Lo palpamos? ¿Lo olemos? ¿Lo sentimos?

¿Por qué no hacemos una cosa? Tomando una idea de Albert Rivera. Yo propongo que no veamos rojos o azules, que no veamos madres o hijas, que no veamos ricos o pobres, que no veamos políticos o apolíticos, que no veamos buenos o malos, ni vencedores ni vencidos. En definitiva, que sólo veamos Españoles. Y sólo Españoles demócratas. Todos demócratas.

Y que todos juntos, todos, pero todos-todos, de una puñetera vez, matemos a Franco.

En 1.945, una disposición del Mando Militar Aliado en Berlín, ordenó que todos los monumentos de exaltación al nazismo “fuesen volados con dinamita y sus escombros triturados y convertidos en gravilla de obra pública”.